Una casa que se transformó, que dejó de ser lo que fue alguna vez para convertirse en un espacio abierto que aloja propuestas para todxs: para gente chiquita y gente grande.
En esta casa hay hornos que cocinan masas y hornos que cocinan piezas de cerámica para servir un panqueque. Hay plantas nativas, mariposas, hay ladrillos que tienen más de 100 años y atestiguan las historias de las personas que pasaron por acá.
También, La PlaPla es el nombre de un cuento, una idea que viene de otra idea: María Elena Walsh es una autora, artista, pensadora y ensayista que admiramos y honramos. Este cuento cuenta la historia de una letra que no existe en el abecedario, pero que de alguna manera está ahí para recordarnos que no todo lo que decimos y hacemos debe encastrar con lo que ya está dado: es una invitación para salirnos de ese borde, para crear, para crecer. Para jugar.
Es una propuesta para recordarnos que Felipito Tacatún, ese niñito que dibujó la letra bailarina que no existía en el abecedario, también existe en cada unx de nosotrxs.